
Frontal y sin prejuicios, este músico ha sabido ganarse un reconocido espacio en la esfera artística nacional, convirtiéndose así, en un ícono de la música urbano popular.
En esta entrevista, Napolitano no solo conversó sobre su carrera, sino que también, opinó sobre la burocracia, los nuevos artistas, la piratería y sobre el futuro musical que se está forjando en Guayaquil.
En primer lugar, ¿cómo nace Héctor Napolitano músico?
Cuando los perros se dan cuenta de que ladran, se han de llamar a sí mismos perros. Yo me di cuenta que tocaba la guitarra, entonces me dije músico.
Y sus canciones... ¿son todas experiencias vividas?
La mayoría sí, porque es más fácil contar la verdad que inventarse una. La realidad siempre supera a la fantasía.
¿Cuál es la singularidad de su música?
Yo soy purista...y purero también (risas). Yo tengo influencias de la música cubana, del bolero, del danzón, la guajira, el blues, el country, y por su puesto, de la música nacional. Todo un caleidoscopio musical.
La gente lo considera como un gran cantautor...
Yo lo que hago es dar cariño y recibir cariño, el resto no sé cómo la gente me encasille. Yo no me involucro con los adjetivos, y menos con los sustantivos.
¿Y no se cansa de que le pidan cantar las mismas canciones?
Pero por supuesto. Los cantantes que hemos llegado a colocar algunas canciones en el corazón de la gente somos esclavos de esa realidad, es agobiante, pero lo tienes que respetar y ponerle esa gotita de cariño que necesita cada canción, si es posible acompañado de un vinito, o cualquier bebida espirituosa (risas).
Con respecto a los nuevos “talentos”, ¿cualquiera se puede llamar artista?
Yo no estoy para decir quién es y quién no es, pero en todos lados hay farsantes, talentosos, gente que nada contra la corriente... hay zapateros que debían haber sido músicos, y músicos que debían haber sido zapateros.
Como músico, ¿ha sido apoyado por el Ministerio de Cultura?
Nunca me ha interesando saber qué es lo que hace el Ministerio, porque eso es caer en un saco roto. Siempre terminan eligiendo (en los concursos) a una serie de intelectuales de cuarta, o aceptando proyectos que a nadie le importa.
Pero... a ud. lo ha contratado el Gobierno.
Cuando se trata del Gobierno, yo lo único que hago es por encargo, y se demoran siempre en pagar.
Entonces, ¿es mal negocio?
Cuando el Estado te contrata tienes que pensarlo dos veces, y tienes que saber que esa plata la cobras cuando ellos quieren y no cuando tu la necesitas.
¿Y cuando lo ha contratado el Municipio de Guayaquil?
Peor todavía, pero yo no me refiero a personas, sino al monstro que significa la burocracia, en donde la última rueda del coche desgraciadamente somos los artistas.
Tomando en cuenta esto, ¿de qué vive?
Yo vivo como un taxista, si no salgo por la mañana a darle rueda no como... vivo de la venta de discos, de los shows. Yo voy donde me llaman.
Esto último quiere decir que ¿es un hombre sin prejuicios?
Yo voy a lo mío, yo soy un profesional, yo no tengo ninguna afiliación, yo soy músico.
En otro tema, ¿qué piensa de la piratería?
Hay gente que mete mucho dinero, trabajo y tiempo para hacer un disco, y vienen los ilegales y te roban ese esfuerzo, eso es infame, esa gente tiene que ser metida presa, que vayan a robar a otra parte.
Pero a pesar de lo malo, ¿Se avecina un futuro musical próspero para Guayaquil?
Yo pienso que sí. Hay un grupo muy pequeño que está siguiéndole los pasos a Quito en esa larga travesía de salir de ese sentimiento musical deprimente de canciones donde siempre se le hecha la culpa a la mujer y se llora por los cachos, comiendo a fin de cuenta, de las lágrimas ajenas. Hay muchas cosas lindas que hay que decirlas.